LIBRO GUIA El duelo como objeto de la ciencia

1. La preocupación por el duelo

Al hacer un estudio y relevamiento de los modelos teóricos del duelo encontramos que los criterios para discriminar duelos normales de patológicos son desarrollados mayormente en el siglo XX. En su trabajo De Morais Machado (2016)  sitúa ejemplos que dan cuenta de cómo el duelo pasó a ser objeto de la ciencia obligando a generar dispositivos especializados en el control del sufrimiento, su intervención y seguimiento clínico. Señala como alguno de ellos, la proliferación de investigaciones al respecto, la creación de manuales para la elaboración de las pérdidas y los dispositivos de intervención psiquiátrica, farmacológica y psicológica.
Una cuestión a seguir investigando son las causas sociales e históricas que llevaron al duelo a ocupar ese lugar para la ciencia.
Ahora bien, lo anterior ¿podría justificar el aumento de consultas de atención y de intervención del duelo por parte de los sujetos? Una perspectiva que me proporcionó ideas para seguir pensando el problema es la observación de De Morales y Aisengart (2018) acerca de los movimientos sociales tales como asociaciones de derechos de enfermos y grupos de profesionales que afirman el derecho a no sufrir. Entienden que el surgimiento de estos grupos se debe a que en las sociedades occidentales contemporáneas se produjo un proceso de agotamiento del sentido del sufrimiento vinculado al ideal de trascendencia cediendo esto su lugar a la imperativa búsqueda continua de placer. Es por eso que el duelo debe ser atendido, elaborado, superado, evitado tal como lo indican los manuales dirigidos a los profesionales de la salud.
Esta lectura, puede resultar interesante si se considera que el rechazo al padecimiento puede deberse a los cambios que los avances científicos produjeron en relación a las terapéuticas para disminuir el dolor, proveer de bienestar, etc.En esta línea de pensamiento podemos pensar que la definición de enfermedad surge ligada a la tecnología disponible por el conocimiento médico que establece los signos, marcadores y resultados que definen las entidades nosológicas, aumenta la sensibilidad de la identificación de patologías y reduce el umbral a partir del cual tratarlas, aumentando así la incidencia de las enfermedades. Ejemplo de esto es la experiencia de duelo, considerada objeto de tratamiento y posible territorio de la medicalización, mostrando que las nuevas enfermedades redundan en una expansión terapéutica. Actualmente podemos observar una tendencial de reducción de vivencias humanas a fundamentos bioquímicos, que, no solo habilita la medicación, sino que sitúa el problema del duelo en la descripción y expresión conductual que debe ser en la mayoría de los casos aplacada o equilibrada con los fármacos.La lectura del trabajo de Russo (2017) fue relevante para comprender este pasaje de una concepción psicológica de una persona a una concepción somática- cerebral. Resultaron provechosos sus aportes en torno a la reflexión de Russo ya que expresa cierta flexibilidad al planteo afirmando que el estado de cosas descripto anteriormente no determina un sujeto estrictamente biológico sino que deja el espacio para la modulación que imprime el contacto con el medio en el cual vive.Estos desarrollos generan la interrogante de si la vivencia de duelo, modelada y transformada por la intervención farmacológica, implica una nueva consideración de lo humano, estrictamente biológico donde la experiencia subjetiva no tiene mayores razones que el intercambio químico. ¿Es esta una nueva forma de simbolizar el padecer del duelo?